Happy female patient looking at doctor while undergoing mammogram x-ray test

Por Zoraly Nuñez-Ramos
Productora, Presentadora de Televisión y Reportera de Salud

El cáncer de seno es una anormalidad de la glándula mamaria. Dos áreas principalmente son las afectadas; la glándula o lóbulo, donde se produce la leche, o el ducto, donde va y desencadena esa leche hacia la areola y el pezón. En ese transcurso se pueden desarrollar células pre-cancerosas, según nos cuenta el Dr. Eugenio Galindo, Oncólogo. La examinación manual de los senos y áreas adyacentes sigue siendo muy recomendada por los expertos; es de suma importancia conocer la anatomía de los senos. Esta debe hacerse cada mes acostada, pero también de pie, y en una forma circular, de afuera hacia adentro. De encontrar algo anormal se debe ir de inmediato al médico para poder hacer estudios que puedan determinar si en efecto es un cáncer. Hay una variedad de estudios diseñados para la detección del cáncer de seno.

Examen físico

Es el examen clínico de los senos, es decir, por un médico. Se recomienda hacerlo al menos cada 3 años a partir de los 20 años de edad y anualmente a partir de los 40 años de edad.

Mamografía

La mamografía es la herramienta principal y la más poderosa para poder encontrar las anomalías del cáncer de seno en una etapa temprana. Esta puede ser utilizada como método de detección del cáncer de seno aún en mujeres que no presentan síntomas de la enfermedad. Es recomendada cada año a partir de los 40 años de edad, o si se tiene un historial familiar, se recomienda 10 años antes de la edad donde el familiar ha sido diagnosticado, si es menor a los 40 años recomendados.

Mature female doctor assisting young patient during mammography

Ultrasonido

Un ultrasonido junto a una mamografía es altamente recomendable para pacientes jóvenes si existe sospecha de cáncer mamario; igualmente para aquellas que cuentan con senos densos. En mujeres jóvenes y que tienen senos densos existe poca grasa y mucho tejido fibroso, lo que hace que sea más difícil ver los puntos blancos que se pueden apreciar en una mamografía donde la base de la radiografía es blanca, la densidad se ve blanca también, lo que dificulta la identificación de esas pequeñas calcificaciones en ese estudio.

Resonancia magnética

Se hace en combinación con la mamografía; ésta puede proporcionar una imagen más detallada. La Sociedad Americana del Cáncer recomienda que las mujeres que tienen un riesgo mayor de cáncer de seno se realicen una resonancia magnética junto con una mamografía cada año. Antecedentes familiares de cáncer de seno, ciertas mutaciones de BRCA y ciertos síndromes genéticos son los indicativos de un riesgo más elevado.

Un mito muy común cuando se piensa que se tiene cáncer de seno es sentir dolor, pero el Dr. Galindo nos aclara que el dolor sólo aparece en menos de un 5% de las ocasiones. El crecimiento de una masa/tumor, irritación de la piel, enrojecimiento en la piel, cambios a nivel del pezón o la areola, como puede ser una retracción, tener la piel parecida a la cáscara de la naranja, como también una masa/tumor al nivel de la axila, entre otros cambios más, sí pueden representar un cáncer mamario. Aun así, él enfatiza que del 60 al 70% de las veces el cáncer de seno no presenta síntomas, ni dolor. Aunque la edad pudiera ser otro factor, pues a mayor edad aumentan los riesgos, el cáncer mamario puede ocurrir a cualquier edad. La incidencia suele ser mucho mayor en las mujeres; una en 8 van a ­desarrollar este tipo de cáncer. Los antecedentes genéticos nos ponen en una mayor predisposición, según la información del Instituto Nacional del Cáncer. Dos genes, BRCA1 y BRCA2, aumentan en gran medida el riesgo. Las mujeres que tienen antecedentes familiares de cáncer de seno, o de ovario, deben considerar el examen genético para ver si cuentan con uno de estos genes. El Dr. Galindo dice que otros antecedentes, como no tener hijos, su edad durante el embarazo, no lactar al bebé, el uso de pastillas anticonceptivas o de reemplazo hormonal, la obesidad, el consumo de alcohol y fumar han demostrado que también pudieran influenciar en la aparición del cáncer mamario.

Las opciones de tratamiento van a depender del estado, es decir cuán avanzado está el cáncer de seno. Estos tratamientos pueden incluir uno o varios de los siguientes:

Quimioterapia

Según la Sociedad Americana del Cáncer la ­quimioterapia es el tratamiento de primera opción para muchos tipos de cáncer y casi siempre se usa como tratamiento sistémico. Esto significa que los medicamentos viajan a través de todo el cuerpo para llegar hasta las células del cáncer, adondequiera que se hayan propagado.

Terapia hormonal

Existen varias estrategias para tratar el cáncer de seno sensible a las hormonas, entre las cuales se incluyen: Bloqueo de la función de los ovarios, Bloqueo de la producción de estrógeno y Bloqueo de los efectos del estrógeno, como indica el Instituto Nacional del Cáncer.

Cirugía

Una intervención quirúrgica, que de existir una masa menor, se pudiera hacer de modo preventivo. “En lugar de dar quimioterapia sería necesaria una pastilla oral o cirugía. Las pastillas orales pueden ser tan efectivas como si se tomara quimioterapia y hay pastillas de quimioterapia orales que tienen muy buen efecto en los tratamientos”, dice el Dr. Eugenio Galindo.

Radioterapia

El Dr. Oscar García, especialista en radiación, nos explica que los tratamientos convencionales de radioterapia utilizan dosis altas de radiación que pueden matar las células cancerosas y detener su propagación. Estos tratamientos duran de cinco a seis semanas y son tratamientos diarios que se suministran de cinco a diez minutos. Hoy día existen otros tipos de radioterapia con radiación interna, más específica y de corta duración, más conveniente y menos invasiva para los pacientes que tienen cáncer de seno.

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