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Por Jazmín López

Para esta edición, la Revista Mujer invitó a Jazmín López a compartir una composición. Jazmín es parte del consejo del comité editorial asesor de la revista Latinitas. Ella se acaba de recibir de la Universidad de Holy Cross y actualmente vive en El Paso, Texas. Le gusta leer literatura chicana y participar en discusiones sobre género, política, y justicia social tomando café.

Hace menos de un año me recibí de la universidad, y tan pronto como terminé de empacar mi dormitorio me consumió una crisis de un cuarto de edad. Mi mente empezó a volar y de pronto parecía como si no tuviera dirección alguna. “¿Qué voy a hacer ahora?”, pensé.

En medio de mi crisis existencial, decidí lo que cualquiera otra joven del milenio haría, me conecté a los medios sociales. Puesto que sigo muchas cuentas en Instagram que son de mujeres de color que se esfuerzan por inspirarse y darse apoyo, tenía la esperanza de encontrar un poco de consuelo entre sus páginas. Desplazándose a través de las imágenes de Instagram, me encontré una foto de Ava Duvernay, directora de la película nominada para los Premios, Selma, y su nuevo documental The 13th. En la foto, Ava irradiaba felicidad mientras que llevaba una camisa que decía, “Soy el sueño más ambicioso de mis antepasados.” Cuando esas palabras iluminaron mi pantalla, mis ojos se llenaron de lágrimas. Sentí como si todos los sueños que mi abuelita y mi mamá habían renunciado por mí, llenaban mi alma.

A la edad de 21, mi mamá se fue a vivir de Michoacán, México a California. Llegó a los Estados Unidos sin tener nada en orden para dar todo a mis hermanos y a mí.

En su pueblo natal de Villachuato, mi mamá había sido reconocida por su belleza y su inteligencia. Siempre ganaba los concursos de belleza del pueblo y constantemente recibía premios por su excelencia en sus estudios. Sin embargo, crecer un pueblo pequeño y tradicional significaba que solo a algunas mujeres jóvenes se les alentaba a buscar un título universitario. Sin embargo, esto no desalentó a mi mamá a tomar el camión y viajar una hora a la ciudad todos los días para poder asistir a la preparatoria y más tarde, a la universidad.

Recuerdo que mi mamá me contaba cómo su mamá, mi abuelita, se quedaba todas las noches vendiendo tortas para poder darle dinero para pagar el pasaje del camión. Después, al amanecer, justo cuando el gallo cantaba en la mañana, mi abuelita se despertaba a calentar agua para el baño de mi mamá. Cuando mi mamá se preparaba para su recorrido diario, mi abuelita preparaba un desayuno y almuerzo sencillo para que mi mamá lo llevara consigo. Ambas mujeres trabajaban incesantemente para que mi mamá pudiera recibir su título de contadora. Más tarde, después de pasar años despertándose temprano y acostándose tarde, mi mamá fue la primera en su familia y la primera mujer en su pueblo en recibir un título universitario.

Mi mamá irradia orgullo cuando comparte esos recuerdos conmigo. Al mismo tiempo, escucho su tristeza cuando se acuerda de como tuvo que dejar su título y todo por oportunidades aún mejores en los Estados Unidos.

Ejerció su carrera como contador público en una firma reconocida en Puruándiro, una ciudad cerca de su pequeño pueblo. Sin embargo, cuando la empresa se declaró en quiebra, mi mamá y docenas de otros quedaron sin empleo. Después de meses de buscar, mi mamá no pudo encontrar otro trabajo como el que tenía y en muchas maneras tuvo que considerar la posibilidad de trabajar en los Estados Unidos. La familia de mi mamá se había acostumbrado a depender del sueldo de ella y ahora tenían serios apuros para conseguir comida. Entonces, mi mamá tomó la difícil decisión de dejar todo lo que había conocido por una vida nueva de incertidumbre. Con la ayuda de su hermana mayor, mi mamá pudo obtener una visa de trabajo en los Estados Unidos.

Aunque mi mamá tenía un título universitario, eso no importaba mucho en California. Mi mamá no podía encontrar trabajo en ningún otro lugar aparte de los cultivos de frutas y vegetales en el Norte de California. Mi mamá había continuado su educación para que no tuviera que trabajar en los campos de agricultura, sin embargo ahí estaba desde el amanecer hasta el anochecer en la cosecha de fresas y pepinos. Después de trabajar un tiempo a través de California, mi mamá decidió mudarse a California del Sur con su novio de mucho tiempo, mi papá.

Eventualmente, mis papás se casaron y pudieron criar a sus hijos en la casa por la cual siempre trabajaron incansablemente.

Después, en mayo del 2016, pudieron verme, la primera de tres hijos, cruzando el foro de la escuela en mi graduación de la Universidad Holy Cross. En la fiesta de mi graduación, una señora mayor se me acercó y me dio un gran abrazo. No la había visto nunca antes así que me sorprendió un poco. Sin embargo, después de que me soltó de nuestro abrazo, me vio y luego vi que sus ojos buscaban a mi mamá. Sonrió y me dijo, “Eres la hija de tu madre” Me quedé ahí, sin saber qué contestar, pero luego empezó a hablarme de como conoció a mi mamá cuando era una niña en México. Luego continúo hablando acerca de cómo mi mamá era la mujer más inteligente que haya salido de su pueblo. Pude darme cuenta de que realmente admiraba a mi mamá, tanto como yo. Antes de que se despidiera, esta amiga querida de la familia, me miró a los ojos y dijo, “Debes estar orgullosa de lo que has logrado, pero recuerda siempre de donde viniste. No, hija, no solo eso. Recuerda de quién viniste.”

Soy la hija de mi mamá.

Soy la hija de mi mamá porque como ella, he logrado un título universitario para honrar a su legado y, a cambio, crear mi propio legado. Soy la hija de mi mamá porque me enorgullece mi cultura y mi comunidad. Soy la hija de mi mamá porque como ella, he luchado (y perdido) un buen número de batallas, pero aún así soy fuerte.

Mientras que mi mamá y su mamá renunciaron a muchos sueños para que yo pudiera conseguir los míos, todavía sigo manteniendo vivos sus sueños. Continuaré llevado sus sueños en mi corazón, a dondequiera que vaya. Pensando esto, mantengo mi cabeza en alto y sigo adelante para eliminar cualquier obstáculo que se me presente en mi camino. Aunque no estoy segura de lo que me depara en el futuro, estoy segura, así como la directora Ava DuVernay, que soy el sueño más ambicioso de mis antepasados, de mi mamá y de mi comunidad hechos realidad, y no los decepcionare.

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