Seattle, WA - Bay Elliot

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Ciudad ecléctica, ecológica y dinámica

Fotos y artículo por: PiNKspiration.wordpress.co

Posiblemente pocos pensarían en Seattle como un destino para unas vacaciones con su pareja y un bebé. Pero para mi era un sueño visitar esta ciudad en la que mi esposo vivió por unos años y de la que tanto me hablaba como un lugar mágico, en contacto con la naturaleza, inteligente y a la vez relajado y lleno de vida.

Vista del centro de Seattle desde el Kerry Park en Queen Anne.

Decidimos recorrerla como si fuéramos locales, así como lo fue mi esposo diez años atrás. Tomarnos un chai latte con calma en Café Diablo, un café local independiente y de pocos turistas; subir en las tardes a la colina del Kerry Park a ver el atardecer sobre la Bahía de Elliot, y comer en pequeños restaurantes poco sofisticados y más bien tipo “cueva” (como diría un amigo argentino), como Roti en Lower Queen Anne, de auténtica comida india. El objetivo: tener una experiencia muy Seattle: ecléctica, bohemia, relajada, granola y vanguardista.

Cada pedazo de Seattle tiene una idiosincrasia única, como si la ciudad estuviera hecha de retazos, muy diferentes el uno del otro, pero todos pegados por los mismos hilos: una vibra alocada y algo bizarra. Su gente es simpática y despreocupada; ves personajes de todo tipo de creencias, modos de vida, vestimentas e ideales; pero todos parecen estar de acuerdo en querer vivir sencillo, sin apariencias, cuidar el medio ambiente, y hacer de su ciudad un espacio relajado y a la vez muy ingenioso. Definitivamente, muy costa oeste.

Seattle Ecléctica

Recorriendo Queen Anne te das cuenta de la sencillez de Seattle, donde siguen en pie edificaciones muy tradicionales, al estilo arquitectónico barroco, de la época de la Reina Ana en el Reino Unido –de ahí su nombre–, que a su vez se mezclan con construcciones de líneas más simples que fueron emergiendo con el pasar de los años.

Este barrio parece una pequeña ciudad dentro de la gran ciudad. Algunos de sus restaurantes y bares han estado ahí por años; por ejemplo, recordaba mi esposo Pho Viet’ Anh, un restaurante de comida vietnamita, cuyos dueños siguen siendo los mismos.

Si te vas un poco al noreste, para visitar la Universidad de Washington, sientes que estás en otra ciudad completamente. No solo por la perfección del campus, sino porque hay una vibra estudiantil y académica, joven y emprendedora que se ve y se siente por todas partes. Es uno de los campus universitarios más lindos en los que he estado; vale la pena visitarlo en otoño para ver la infinidad de colores de sus árboles (¡Estás a tiempo para programar tu viaje!). Y cuando estés allí, date una pasada por el restaurante Thai Tom, en University Way, ¡su cocinero lleva más de 20 años al frente del fogón! Créeme, sabe muy bien lo que hace.

Starbucks Reserve Roastery, Capitoll Hill, Seattle, WA

Si te vas a Capitoll Hill, al este, encuentras más de esa onda joven y educada traducida en negocios, tiendas y locales. Hace diez años era imposible imaginarse Capitol Hill como está hoy. ¡El desarrollo que ha tenido la zona es increíble! Pasó de ser una parte de la ciudad, digamos oscura, a un foco de diseño, tiendas underground y de última generación. Es como un mini Soho de Nueva York. Es el barrio de mayor población gay, así medio industrial, medio vintage. ¡De muy buen gusto! Es de resaltar que Seattle es la segunda ciudad con mayor densidad de residentes de la comunidad LGB, después de San Francisco.

En Capitol Hill te encuentras boutiques de todo, de ropa, de accesorios, de decoración… si estás buscando ir de shopping, te recomiendo definitivamente darte una pasada por ahí. Y cuando quieras una pausa, el Starbucks Reserve Roastery está buenísmo. Es el formato gourmet e industrial de la gigantesca cadena (fundada en Seattle), donde te muestran el procesamiento del grano y tienen café de todas partes del mundo –y de una calidad que usualmente no encuentras en sus tiendas–. Te invita a entrar, desde el diseño de la tienda hasta el olor, la música, la iluminación, en fin… ¡Es toda una experiencia! Este año abrirán nuevas sedes en Nueva York, Shanghái y Milán. Texas, ¡a esperar nuestro turno!
Public Market, Dowtown Seattle

Una parada obligatoria es el Pike Market para comerte unas frutas frescas o un delicioso sandwich de salmón. Es recomendable ir temprano en la mañana para encontrar productos frescos y poder caminarlo sin tropezar, pues a medida que pasan las horas aumentan los turistas. ¡Más de 38 millones de personas vistan la ciudad al año! Así que, ¡a madrugar!

Seattle Ecológica & Natural

Por mucho tiempo Seattle tuvo fama de ser una ciudad deprimente con una altísima tasa de suicidio. Pero la realidad es que no está –ni ha estado– entre las primeras 15 ciudades donde la gente más comete suicidio en Estados Unidos. Tal vez se ganó esa falsa fama por llevar encima un permanentemente cielo nublado y gris que la gente relaciona con depresión. Tengo que decir que esto quedó totalmente desvirtuado en los días que estuvimos visitándola, pues un sol intenso y un cielo azul nos acompañaron la mayoría de los días, para dejarnos ver el lado alegre de la ciudad y permitirnos vivenciar que la vida en Seattle está lejos de la tristeza y de la melancolía.

Waterfront Park en Bainbridge Island.

Waterfront Park en Bainbridge Island.

Aún así, en los días menos soleados podías ver a los niños jugando en los parques al aire libre, aún bajo una llovizna incesante, pues en Seattle el clima no es un impedimento para nada. La gente está acostumbrada y para ellos la vida sigue. Tiene que seguir.

Ferry a Bainbridge Island

Ferry a Bainbridge Island

Y creo que es precisamente esa lluvia permanente lo que la hace tan verde. Lo más bello de Seattle es que hay naturaleza y especialmente agua por todas partes. ¿No les parece que el agua es lo que más paz trae al corazón? Por un lado, la Bahía de Elliot donde el Océano Pacífico se ve tranquilo, parece un espejo. Y por el otro, los lagos Unión, Washington y Sammamish rodeados de bellísimas montañas y bosques que pareen eternos. ¿Qué más se le puede pedir a la naturaleza?

Desde sus colinas se pueden vivenciar atardeceres idílicos, típicos de la costa oeste. A tan solo 60 millas de la ciudad se trepa por los cielos el Monte Rainier, donde muchos van a hacer caminatas, y escalarlo se ha convertido en un objetivo de vida para otros. También vale la pena darse un paseo por sus playas, como Alki Beach, para comerse una pizza y caminar por el Alki Beach Park o cruzar en ferry a alguna de sus islas, por ejemplo Bainbridge. De hecho muchos viven allí y cruzan en ferry a sus trabajos en el centro. Y a decir verdad, entiendo por qué… Bainbridge es como un sueño, parece un pueblito de mentira, hermoso, tranquilo, con callecitas pequeñas y caffecitos simpáticos y originales. Y por supuesto, hermosas casas con vista al mar.

Y no te quedes sin visitar Bellevue. Literalmente atrapado entre dos lagos, el Washington al oeste y el Sammamish al este, este exquisito suburbio, cuyo nombre en francés traduce vista hermosa, año tras año clasifica en la lista de los mejores lugares para vivir en el país. Por su diversidad, la calidad de sus sistema de salud, sus colegios, sus parques, sus montañas, sus miles de actividades de esparcimiento, sus oportunidades para empezar nuevos negocios… ¡La lista es larga! No en vano en Medina, su código postal vecino, viven Bill Gates y Jeff Besos, las cabezas de Microsoft y Amazon.

Seattle Dinámica & Vanguardista

Hablando de negocios, podemos decir que Seattle es un núcleo de emprendimiento, de vanguardismo, de tecnología y de negocios, nuevos y no tan nuevos, pero muy exitosos. Seattle es la casa de importantes imperios que hemos mencionado como Microsoft, Amazon y Starbucks, entre muchos otros.

Como toda ciudad portuaria, Seattle ha recibido una significativa tasa de inmigrantes (en Bellevue hay 40% de personas no nacidas en Estados Unidos y en Seattle en general baja a 18%, pero sigue estando por encima de la media del país que es 13%). Esto la hace una ciudad muy diversa y, por lo tanto, muy enriquecedora. Creería que ahí está, entre otras razones, la clave de su dinamismo.

Public Library, Downtown, Seatlle

Biblioteca Pública en el Centro de Seatlle

Y es que Seattle está a la vanguardia en todo sentido. La arquitectura no se queda atrás. Es de resaltar el edificio de la biblioteca pública en el centro. Es una joya incrustada en medio de la ciudad, pues literalmente parece un diamante por fuera y por dentro una obra de arte. Una edificación en vidrio, asimétrica y brillante, terminada en 2004, es una de las atracciones mejor guardadas de la ciudad.

A unas cuantas calles de ahí están las nuevas oficinas de Amazon, un trio de inmensas esferas en vidrio con árboles vivos al interior, en cuyos nidos se reúnen sus empleados para inspirarse e innovar. Estos espacios son tan extraordinarios que uno empieza a comprender cómo Amazon ha sido capaz de crear lo impensable. Y muy cerca de ahí, el Space Needle, ícono de la ciudad, que fue construido para la Feria Mundial del 62 y es un observatorio de 360 grados que se hace visible desde todos los rincones de la ciudad.

Olympic Sculpture Park, Seatlle

Escultura de Calder en el Olympic Sculpture Park, Seatlle, WA

Así mismo, la cultura tenía que ir a la par de tanto modernismo y creatividad. En otro de los maravillosos rincones de Seattle florece el Olympic Sculpture Park, que como su nombre lo indica, es un museo de esculturas al aire libre. Alexander Calder, Richard Serra, Jaume Plensa, Louise Bourgeois, Roxy Paine, Teresita Fernández, entre otros, llenan de vida ese hermoso lugar, al pie de la Bahía de Elliot, con gigantescos pájaros, cabezas y olas, que te abruman no solo por su tamaño, sino por su perfección y belleza.

Así termina la expedición por diferentes esquinas de esta ciudad que considero inmensa por su empuje y su capacidad para ofrecer tanto para hacer. ¡No te aburres nunca en Seattle! ¡Qué ganas de volver y quedarme un buen rato ahí… espero haberte contagiado!

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