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Por Lilia Davis
Fotos Daniel Cavazos en el Mexican American Cultural Center

Mujer valiente, apasionada y triunfadora. Transforma su vida con el poder de la danza.

Sharon nos cuenta cómo libra una de las batallas más fuertes en su vida: su lucha contra el cáncer de seno (mama). Su amor por la danza ha sido el impulso que la ha llevado a sobrevivir esta larga lucha y está absolutamente convencida del poder del arte para transformar vidas. Pero dice que no se siente más fuerte que ninguna otra mujer.

Su trabajo ha sido reconocido como uno de los diez mejores eventos en múltiples ocasiones por el Austin Chronicle; ha ganado tres veces el Premio Austin Critics Table Award como coreógrafa sobresaliente y también imparte clases en talleres de danza y movimiento para sobrevivientes de cáncer.

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En el año 2010 se anticipaba que un cierto porcentaje de mujeres serían diagnosticadas con cáncer de seno (mama). Sharon fue una de ellas. Pero ella rechazaba esa realidad. Cuando le asignaron un oncólogo, se preguntaba ¿Yo, un oncólogo? ¡Pero si yo me siento bien!Soy bailarina profesional, me cuido mucho, soy muy saludable exclamaba. Inclusive recuerda que cuando fue a su primera cita, mostraba orgullosa su cabello largo hasta la cintura, como desafiando la triste realidad de que muy pronto lo perdería todo, con los tratamientos de quimioterapia.

Sharon nació y creció en la ciudad de México. Desde chica estudiaba danza. Las dos hermanas de su papá eran bailarinas y aprendió a bailar con ellas. Se recibió de Bióloga, pero se dedicó por entero a vivir de la danza en México. Así conoció a su esposo, músico, y años después llegan juntos a Estados Unidos con miras a un cambio de estilo de vida. Primero llegó a Boston y después a Nueva York, donde encontró varios trabajos a través de la danza, pero su esposo no tuvo suerte con su trabajo.

Después de un tiempo, un amigo les invita a venir a Austin, Texas. Sharon recuerda como si fuera ayer que al mirar por la ventanilla del avión antes de aterrizar en Austin, solo veía densas áreas verdes; se preguntaba ¿dónde están las casas, los edificios, dónde vive la gente? Después de vivir en las ciudades de México y Nueva York, no podía ignorar comparaciones. Confiesa que empezó a gustarle mucho vivir en Austin porque le sorprendía lo amigable que era la gente, sonreían y eran espontáneos, algo que en NY casi nunca le ocurría. Su esposo encontró trabajo como músico, mientras que ella empezó a trabajar como coreógrafa y su carrera empezó a florecer plenamente al grado de recibir importantes reconocimientos en múltiples ocasiones por su trabajo.

Pero 10 años después de llegar a Austin, Sharon recibe su diagnóstico de cáncer. Todo esto después de la muerte de su padre, la pérdida de su mejor amiga bailarina en un trágico accidente y el divorcio de su esposo. Experiencias fuertes, una detrás de otra. Primero le hicieron la cirugía, donde perdió uno de sus senos, y después empezaron los tratamientos de quimioterapia. Se sentía rara, como mujer, como madre y como bailarina con su cuerpo incompleto.

Sharon expresa que no llegó a sentir el shock de la realidad hasta que un día, mientras hacía las compras en el supermercado, sintió que se le caía el cabello sobre sus hombros, más de lo normal. Se le empezó a caer más y más hasta que decidió raparse toda la cabeza. Empezó a usar una pañoleta para cubrirlo. Sus estudiantes en la escuela notaban su cambio y ella les explicaba lo que estaba sucediendo. Pero sentía como que estaba ocultando algo.

Esto le causaba una ola sentimientos complicados y decidió que tenía que exteriorizar todo para asimilar bien todas esas emociones. Decidió tomarse unas fotos para verse como la veían los demás. Quería ver a su otro yo. Un fotógrafo profesional le ayudó a hacerlo y al recibirlas, vio unas fotos bellas. En sus ojos veía destellos de vida, era como si sus ojos dijeran, aquí estoy, y estoy viva todavía; se conmovió mucho y empezó a llorar. En ese momento le llegó una gran inspiración para crear una coreografía de baile llamada The Materiality of Impermanence, una reflexión íntima de su experiencia con el cáncer. Los movimientos y la música comunican que lo que tenemos no es permanente. Todo tiene su fecha de caducidad.

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En ese entonces Sharon tenía mucho miedo de llegar a morir dejando a su hijo desamparado. Recuerda que en las noches, practicaba enseñándole a su hijo cómo marcar la línea de ayuda 911 en caso de emergencia. El tiempo ha pasado y su hijo ya tiene 12 años y ha crecido fuerte y saludable. Sharon ya no le tiene miedo a nada, aun cuando todavía lleva un coágulo de sangre en el cuello, que si le llega al cerebro podría producirle un ataque cerebral.Sharon lo considera un recordatorio, como un tic-tac del reloj, que se puede apagar en cualquier momento. Veo a la vida como un regalo todos los días.

Sharon también ha vuelto a recobrar su vida sentimental. Después de muchos años de estar sola y con el peso de la enfermedad de cáncer pensó que nunca más se volvería a enamorar. Decía eso ya no es para mí. Hasta que un día, se anima a tomar unas vacaciones y contacta a un compañero de la escuela de danza en México que no veía desde hace 20 años. En ese viaje fortalecen su amistad y nace un amor muy fuerte entre ellos. Sharon sintió que volvía a vivir, porque se sintió muy bien, como hacía mucho tiempo no se sentía. Ahora están casados, viven en Austin y ambos continúan ejerciendo su profesión de profesores de baile.

Actualmente Sharon es artista residente en el Emma S. Barrientos Mexican American Cultural Center, (MACC) en Austin, y se está preparando para su próximo evento coreográfico que será basado en las Cuatro Estaciones de Vivaldi en colaboración con la video coreógrafa Ana Baer. El proyecto es parte de una organización de la Ciudad de Austin, llamada Latino Artist Residency Program (LARP) y se presentará del 24 al 26 de marzo de 2017. Es un trabajo de danza contemporánea inspirado por la mortalidad, la incertidumbre y la naturaleza. Este trabajo explora la transformación y nuestros intentos de entregarnos con gracia hacia el cambio inevitable.

Un consejo que Sharon quiere dar a las lectoras de La Revista Mujer es: Que aprecien cada momento a la familia y vean la belleza de todo lo que tienen a su alrededor. Al preguntarle si está feliz, Sharon contesta con una gran sonrisa triunfante: Sí, estoy muy feliz, y me siento completa.Para mayor información sobre los próximos eventos de Sharon visita. www.sharonmarroquin.wix.com/dance

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